Felicidades, Robert

En la semana en que ha cumplido 75 años, quiero recordar que Robert Redford fue la fuerza impulsora de la película “Todos los hombres del presidente” (1976), el relato de cómo dos periodistas del Washington Post, Carl Berstein y Bob Woodward, investigaron -testarudamente- qué había detrás de un incidente aparentemente menor. Algo que después se conocería como el “Watergate” y que hundió la carrera política del mismísimo presidente de los EE.UU., Richard Nixon.

Robert Redford demostró tener el mismo talante y tenacidad que los dos periodistas. Ya desde un primer momento pensó en hacer una película sobre la investigación, “fascinado” por esos “dos hombres en busca de la verdad”, aunque tuvo que esperar varios años para poder llevar a cabo el proyecto.

Sus motivos:

“Yo había leido esos pequeños artículos que comenzaron a aparecer en el Washington Post pero me preguntaba por qué nadie más escribía sobre el temaMe parecía gravísimo lo que había ocurrido pero ‘los veteranos’ me dijeron que aunque todos se olían que había algo oscuro detrás, las relaciones entre prensa y política eran muy complicadas y no se podían romper haciendo preguntas equivocadas. Me tacharon de naive y vaticinaron que aquello no llegaría a ningún lado. Aquel cinismo y aquel derrotismo me dejaron muy mal cuerpo

Gracias por no conformarte. Que cumplas muchos más.

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Estamos en guerra

Y es mundial.

La gente está saliendo a la calle a luchar por sus derechos.  Se está movilizando. Arriesga su integridad y su libertad.

Igual que hicieron hace casi 70 años los miembros de la Resistencia francesa contra la ocupación nazi de su país. No es casualidad que haya sido uno de ellos, Stéphane Hessel, quien haya conseguido conectar con las masas, con su manifiesto ¡Indignaos! (el cual ha dado nombre al movimiento español, “los indignados“).

Hessel no es un teórico de la lucha, como otros filósofos, sino que tiene experiencia personal en contienda. Por eso, precisamente, ha sido escuchado su llamamiento a la movilización.

Sin embargo, en 1944, los miembros de la Resistencia luchaban contra un ejército enemigo, de carne y hueso, presente en sus calles y en sus plazas.

¿Y nosotros? ¿Contra quién luchamos en el 2011?

Cada vez resulta más evidente:

El enemigo de la ciudadanía democrática hoy, está claro, es el poder financiero.

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